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¿Puede una comida compartida ser más beneficiosa de lo que imaginas?

Rafael Carles

La salud también se construye alrededor de la mesa


Hace unos días cuando hacía mis compras en el supermercado, una amiga se me acercó por detrás y con su carretilla llena de productos ultraprocesados, me preguntó que cómo hacía para verme más joven de los que dice mi edad. Aunque me hubiera gustado referirme a los productos que llevaba en su carretilla, me enfoqué sutilmente en explicarle sobre la importancia de los hábitos de consumo saludable.

Y le dije que cuando pensamos en mejorar nuestra salud, solemos centrarnos en cosas que podemos hacer por nuestra cuenta: qué comemos, cuánto nos movemos, qué tan bien dormimos... Incluso, a menudo tenemos una lista de aspectos que controlamos, mejoramos y en los que trabajamos de forma individual.

Pero muchas veces olvidamos que las personas que nos rodean también influyen en nuestra salud. Y es algo en lo que estoy reflexionando últimamente porque me parece importante destacar.

Por ejemplo, durante años se creyó que el vino tinto era bueno para el corazón. La popularización de la “paradoja francesa” vinculaba las tasas relativamente bajas de enfermedades cardíacas en Francia con su cultura de consumo de vino. Sin embargo, investigaciones posteriores cuestionaron la idea de que el alcohol, por sí mismo, ofrecía beneficios para la salud.

La OMS publicó hace dos años un estudio completo sobre el tema. Y más recientemente un estudio en el New England Journal of Medicine señaló que algunos de esos beneficios iniciales que se atribuían al consumo de alcohol tenían menos que ver con la bebida en sí y más con las personas con las que se compartía: las conversaciones, los encuentros y el tiempo pasado con amigos.

Resulta refrescante que una organización dedicada a promover salud y una publicación médica de mucho prestigio se interesan por temas en que las personas con las que se pasa tiempo, y no necesariamente el consumo de verduras, la cantidad de pasos que caminamos o la calidad del sueño, son las que determinan el nivel de salud. 

Es decir, una forma sencilla de mejorar tu salud y que no tiene que ver con la dieta ni con el ejercicio es las relaciones sólidas. De hecho, uno de los estudios más prolongados sobre la vida adulta ha revelado que las personas que se mantuvieron más felices y saludables no fueron necesariamente las más ricas o las que lograron mayores éxitos, sino aquellas que contaban con relaciones significativas y de gran calidad.

Por tanto, a la hora de comprar y preparar las comidas, hay que poner igual énfasis a la compañía con quien vas a comer esa comida. Como el pavo en el Día de Acción de Gracias el último jueves de noviembre. Un plato cualquiera que se convierte en esa ocasión en un momento especial. Como sugiere un refrán bíblico, incluso la comida más deliciosa no es lo mismo si no hay alguien con quien compartirla.

Esta valoración de comer en compañía va más allá del proverbio. Lo ideal es poder institucionalizar las comidas de manera que las familias puedan desayunar o cenar juntas, al menos tres veces por semana. Y que, en las escuelas de primaria, los niños también puedan almorzar juntos en sus aulas, sirviéndose unos a otros y compartiendo la comida con sus profesores.

Es un buen recordatorio de que una comida puede ser beneficiosa para nosotros no solo por lo que comemos, sino también por con quién la compartimos. 

Si alguna vez has tenido una relación complicada con la comida —pasando mucho tiempo pensando en la nutrición, las porciones o en si te has “portado bien” con tus hábitos alimenticios, creo que esta perspectiva resulta reconfortante. 

Y una última sugerencia: intenta compartir una comida que normalmente comerías a solas. No tiene por qué ser nada sofisticado. Almuerza con un compañero de trabajo en lugar de comer en tu escritorio o invita a un amigo a algo sencillo. La idea es crear un pequeño vínculo en un día cualquiera.

Por supuesto, no hay nada de malo en comer solo; yo también disfruto de muchas comidas en solitario. Pero recuerda que una buena salud no depende solo de lo que hay en tu plato, sino también de quién está al otro lado de la mesa.

Si tienes más preguntas, escribir al correo lifeblends@gmail.com o llamar al teléfono 6616-8110.