
Vitamina C: mucho más que defensas contra los resfriados
Con frecuencia me preguntan para qué sirve la vitamina C. Y diría que la gente en general tiene ya una vaga idea que la vitamina C probablemente ayuda a prevenir resfriados y mejorar la inmunidad. Incluso, quizás en la salud de la piel.
Es comprensible. La vitamina C ha estado mucho tiempo entre nosotros, se ha escrito bastante y el público general hace referencia a ella, con razón o sin ella, casi que a diario.
Pero qué tal si les comparto que un estudio publicado este año me hizo reflexionar sobre la vitamina C de una manera completamente diferente. Investigadores en Japón analizaron escáneres cerebrales y muestras de sangre de más de 2 mil adultos mayores de 64 años. Querían saber si la cantidad de vitamina C que circula en la sangre tenía alguna relación con lo que sucede realmente dentro del cerebro.
Y sí la tenía.
Las personas con niveles más bajos de vitamina C tendían a tener menos materia gris. La materia gris es el tejido que contiene las células nerviosas responsables de procesar información, formar recuerdos y tomar decisiones. Menos materia gris generalmente significa menor capacidad cognitiva.
Pero no se trataba solo de cantidad. Los investigadores también analizaron la conectividad dentro de lo que se conoce como la red neuronal por defecto. Es un conjunto de regiones cerebrales que permanece activa durante el pensamiento interno. Está involucrada en la memoria, la autorreflexión y la atención. Ese tipo de procesamiento silencioso en segundo plano que nos mantiene alerta.
Las personas con niveles más bajos de vitamina C también presentaban una conectividad más débil dentro de esta red.
Los investigadores tuvieron en cuenta la edad, la actividad física, el nivel educativo y otros factores que influyen en la salud cerebral. La asociación con la vitamina C se mantuvo.
Cabe destacar que se trata de un estudio observacional, no una prueba de que la vitamina C cause directamente estas diferencias. Sin embargo, coincide con un creciente conjunto de evidencias que sugieren que lo que comemos no solo afecta cómo nos sentimos hoy, sino que también puede estar moldeando la estructura física de nuestro cerebro con el tiempo.
Y tiene sentido desde el punto de vista biológico. El cerebro es uno de los órganos del cuerpo que sufre mayor estrés oxidativo, y la vitamina C es una de sus principales defensas. Protege las células nerviosas, ayuda a producir neurotransmisores y, de hecho, el cerebro utiliza una cantidad desproporcionada de vitamina C en comparación con el resto del cuerpo.
La vitamina C está presente en muchos alimentos integrales:
* Pimientos (una de las fuentes más ricas por porción)
* Kiwi
* Cítricos (naranjas, limones, pomelo)
* Fresas y otras bayas
* Brócoli, coles de Bruselas y col rizada
* Tomates
* Mango y papaya
El inconveniente es que es hidrosoluble y sensible al calor, por lo que el cuerpo no la almacena y la cocción reduce su contenido. Los alimentos crudos o ligeramente cocidos son los que aportan mayor cantidad.
Por eso, la vitamina C hay que ingerirla diariamente de los alimentos naturales. Y suplementar con cápsulas para mejorar su nivel en sangre.
Si tienes más preguntas, favor escribir al correo lifeblends@gmail.com o llamar al teléfono 6616-8110.